El estrés y la ciencia en la farmacia

El estrés y la ciencia en la farmacia

Carmen JavaloyesEl estrés en la farmacia existe. Y la ciencia también. Tú mejor que nadie conoces los picos de trabajo que puede haber en la farmacia.

Hay momentos en los que parece que sea el punto de encuentro de los clientes. Vienen todos a la vez. Y claro, se llega a formar cola. Y eso, te pone en alerta, al menos un poquito. Reconócelo.

Además, te examinan en el mostrador. Nunca sabes con qué pregunta te va a sorprender la siguiente persona. Por mucho que leas, estudies y te formes, siempre hay algo que se te escapa.

Los ordenadores se ponen de acuerdo para disminuir la velocidad o la informática falla por cualquier razón, por lo que visualizar la receta electrónica se puede hacer interminable al pasar la tarjeta sanitaria por el lector.

A continuación, entras a la rebotica a coger un medicamento y no lo encuentras. El programa informático te dice que hay en stock y tú no lo encuentras. ¡Vaya! Finalmente estaba en la estantería de encargos y no lo puedes dispensar. Explícaselo.

Te lo estás imaginando, ¿verdad?

Entonces no sigo con el listado.

La rutina de una farmacia comunitaria

No son situaciones de extremo peligro, pero cada una de ellas tiene su propia carga emocional que, en ocasiones, es negativa. Y se van sumando día tras día.

Añade los que se te ocurran con las particularidades de tu farmacia y será más real. Pues bien, estarás conmigo en que todas las personas están sometidas a un estrés más o menos intenso. Y pueden ser conscientes o inconscientes. Puedes poner el adjetivo que quieras. En el caso que he expuesto al principio se trata de estrés laboral puro y duro.

Pero ya sabes que los adjetivos que pueden acompañarlo son: psicológico, emocional, académico o laboral, entre otros. 

Cómo debe ser la atención farmacéutica

¿Dónde quiero llegar?

Mira. Seguro que has atendido a más de una persona que llega enfadada a la farmacia porque el médico le ha dicho que sus digestiones pesadas o que sus problemas intestinales, por ejemplo, son debidos al estrés. Y es que hay personas que parece que prefieren un diagnóstico más contundente.

Porque eso del estrés les parece un mal menor, poca cosa. No son conscientes del estrés al que están sometidos, pero ahí estás tú para ayudar y recomendar. No sin antes haber escuchado con paciencia.

Haces preguntas. Escuchas. Y vuelves a preguntar. Y es que tú sabes que el estrés puede llevar a diferentes situaciones patológicas. Y también sabes que aunque no es el único factor se puede gestionar. Cómo lo gestionas tú y tu equipo e incluso, en el ámbito más personal.

Por eso cada vez que atiendes a una persona con alguna dolencia en la que el estrés es un factor importante, tú ejerces la empatía. Porque tú también has sentido alguna vez ese estrés que te ha llevado a situaciones en las que se ha visto alterado algún sistema de tu organismo.

Y es que la empatía es una habilidad que:

  • No te la enseñaron en la carrera.
  • La has adquirido a lo largo de tu vida.
  • Te la han transmitido a través de la educación.

Gestión del estrés desde la oficina de farmacia

Empatía a la vez es una palabra que está muy de moda pero no todos la entienden y la practican bien. Porque para practicar cualquier habilidad, primero hay que entenderla. Y te voy a decir cómo la entiendo yo.

La empatía es la habilidad que te permite ponerte en los zapatos del otro con la intención de comprenderle y ayudarle, pero ojo, para hacer eso tienes que quitarte primero los tuyos.

El mostrador de la farmacia es uno de los sitios en donde tienes mil y una oportunidades de ponerla en práctica. Todos los días ves dolor y sufrimiento, y esto también es una oportunidad.

Y estarás de acuerdo conmigo que junto con la paciencia, que es la madre de la ciencia (como decía mi padre) hay que ejercitarlas para ofrecer un servicio óptimo a tus clientes.

Y es que en una farmacia hay estrés pero también mucha ciencia, ¿o no?